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Aranda de Duero, lo que ofrece al visitante

Aranda de Duero
Situada al sur de la provincia de Burgos, la villa de Aranda de Duero atrae a un gran número de visitantes, que acuden a ella debido a un gran número de razones, pero especialmente por la riqueza de su patrimonio histórico, artístico y arquitectónico y por su excelente gastronomía.

Esta villa es la capital de la comarca de la Ribera del Duero, cuya fama ha traspasado fronteras gracias a sus excelente vinos, especialmente tras el reconocimiento de su denominación de origen, que le ha permitido alcanzar un gran prestigio en los mercados internacionales.

La estratégica situación de la villa como ciudad de paso, al encontrarse próxima a varias ciudades importantes como Burgos, Palencia, Valladolid e incluso Madrid, la convirtieron muy pronto en centro neurálgico, y fue lo que propició en gran parte que la localidad disponga hoy en día de este gran legado artístico que la historia y el paso de los años han dejado en ella.

Efectivamente, la villa empezó a destacar al ser escogida, en el siglo XV, su Iglesia de San Juan como lugar para celebrar en ella el Concilio Provincial de la Archidiócesis de Toledo, cuyo fin principal era apoyar como sucesora al trono de Castilla a Isabel la Católica.

A partir de este evento, Aranda vivió un par de siglos de esplendor, levantándose la Iglesia de Santa María. Pero, especialmente, se debió a que las familias nobles de la comarca se fijaron entonces en la localidad, y muchas decidieron construir en su territorio sus palacios, sus casonas señoriales y sus casas solariegas, que hoy en día forman buena parte de los tesoros que guarda la villa.

En cuanto al segundo factor ya mencionado que constituye un reclamo para el visitante, su gastronomía, uno de sus platos más típicos y demandados es, sin ninguna duda, el lechazo asado. Sentarnos en un restaurante de Aranda de Duero y pedir este exquisito plato, precedido de una buena ración de embutidos elaborados en esta tierra, acompañado por uno de sus prestigiosos vinos, es motivo más que suficiente, por sí solo, para justificar un viaje a la villa.

En lo que se refiere al entorno natural de la población, los escenarios de grandes extensiones de tonos verdes y amarillos que forman sus bien alineadas viñas son de una belleza excepcional, variando además según la estación del año en que nos encontremos. Destacables son también los bosques de ribera que acompañan el tranquilo discurrir del río Duero, y que forman en algunas zonas masas forestales en cuyo interior se alberga una interesante fauna. Allí viven el lobo, el tejón, el gato montés y surcan sus cielos algunas aves como el águila real, el buitre leonado o el halcón peregrino.

Los alrededores de la localidad nos ofrecen la posibilidad de realizar una serie de rutas todas ellas muy interesantes, las cuales mientras las llevamos a cabo nos permitirán, al mismo tiempo, conocer los bellos pueblos de la comarca y sus tradiciones y costumbres. Así, podemos realizar la ruta de los castillos, monasterios y palacios, así como la ruta de la huella que los romanos dejaron en este territorio. Y, evidentemente, podemos hacer una inolvidable ruta del vino, visitando las bodegas de la comarca, sus viñedos e incluso algún que otro museo.

Y no podemos hablar de Aranda del Duero sin hablar de sus fiestas. La villa ha sabido preservar sus tradiciones y celebraciones más arraigadas, en las que son de gran importancia las danzas y los cantos. La Semana Santa es vivida con mucha devoción por los vecinos de Aranda, siendo una fiesta de relevancia que atrae también a muchos visitantes, siendo lo más destacable el acto denominado la “Bajada del Ängel”, junto con el impresionante ruido de sus tambores y trompetas.
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